Diagnóstico de la LVIII legislatura (formato pdf).
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Diagnóstico de la LVIII legislatura

En los últimos seis años la Cámara de Diputados se ha convertido en uno de los principales motores de la transformación democrática de México al ser el punto de encuentro por excelencia del conjunto de los partidos políticos, de sus cuadros dirigentes y donde se ha incrementado, en el ámbito institucional, el poder negociador de las oposiciones en los procesos de reforma constitucional (1). La actual situación de pluralidad en la Cámara de Diputados tiene su antecedente inmediato en 1988, cuando por primera vez la distribución partidista en la Cámara Baja impidió al PRI aprobar cualquier reforma constitucional, pues carecía de la mayoría calificada (2/3) para hacerlo. En 1997, el PRI no contaba ya con la mayoría absoluta (sólo el 47.8% de los escaños disponibles). En el año 2000, el escenario tuvo otras características que aún hacen de la transición democrática un proceso más sólido; además de que ningún partido contó en la LVIII Legislatura con mayoría absoluta, el Ejecutivo pasó a manos del Partido Acción Nacional (PAN), cuya representación en la Cámara de Diputados equivalió tan sólo a la primera minoría, por debajo del Revolucionario Institucional.

Esta reciente y muy importante historia de pluralidad en la Cámara derivó en la LVIII Legislatura. Nuestro propósito al realizar el diagnóstico de esta Legislatura es proveer un panorama amplio de sus características, logros y desatinos enmarcados en un período de transformaciones democráticas para que las siguientes legislaturas puedan hacer un trabajo mejor.

La LVIII Legislatura en la Cámara de Diputados fue la segunda legislatura consecutiva con gobierno dividido. Para entender su funcionamiento es necesario analizarla a partir de tres conceptos básicos y una descripción del trabajo realizado

la productividad y eficiencia legislativas
la pluralidad
el equilibrio de poderes

Mediante el uso de indicadores cuantitativos y cualitativos y métodos de política comparada, el análisis sobre la legislatura arriba a las siguientes conclusiones generales:

1. El sistema político mexicano, en las épocas de transición, provee un esquema de mayor pluralidad y mayor independencia de los Poderes de la Unión. Pese a ello, estas características democráticas están disociadas de un sistema de reglas y prácticas impidiendo así un trabajo más eficiente. Las carencias técnicas al interior de la Cámara y la democracia hacen de los trabajos legislativos más lentos y, los cambios más graduales y, en muchas ocasiones, producto de negociaciones cupulares en vez de argumentos sólidos provenientes de comisiones fuertes y profesionales.

2. La disciplina partidista sigue siendo una constante en la Cámara de Diputados. Por las reglas del sistema electoral y del sistema de partidos, los diputados siguen teniendo incentivos a responder al partido más que a sus representados. El Presidente de la República es además, un insumo más de disciplina: los partidos del Presidente suelen aumentar su cohesión.

3. Pese a la mayor pluralidad en la Cámara de Diputados, la forma más común de las negociaciones y las coaliciones fue el consenso. El choque entre la necesidad de poner a todos de acuerdo y la mayor fragmentación y distribución del poder hacen o más ineficiente el desempeño legislativo o lo conminan a decisiones cupulares entre los líderes de los grupos parlamentarios y a prioridades coyunturales sobre las de largo plazo. El sesgo partidista, además, es más definitivo que los argumentos en comisiones.

4. La característica más relevante de la LVIII Legislatura es la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo; hay cada vez más independencia y, por ende, más pesos y contrapesos; el Ejecutivo va erosionando paulatinamente sus poderes informales; el legislativo es más activo que antes en su atribución legislativa. Mientras que los diputados desplazan al Presidente como los legisladores número uno de México, el Presidente empieza a usar el veto como un recurso de negociación.


(1) Alonso Lujambio, El poder compartido. Un ensayo sobre la democratización mexicana, OCÉANO, México, 2000, pp. 33-41.

 

 

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