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Editorial
De forma intuitiva, podría asegurar que las y los lectores de este boletín compartirán conmigo la afirmación de que nuestros cuerpos Legislativos son el Poder público menos observado y el menos estudiado de forma sistemática en nuestro país. Aclaro, lo digo sin tener ningún dato duro o evidencia a la mano, pero lo cierto es que se percibe, sino una total ausencia, al menos sí un déficit de reflexiones académicas y de esfuerzos consistentes y articulados de la sociedad civil en torno al tema. Tampoco hay un bagaje, que pudiéramos llamar considerable, en la trinchera del análisis político. En suma, hay poco de donde se pueda echar mano para adentrarse en los encriptados mundos del Poder Legislativo. Todo ello, a pesar de la relevancia que tienen nuestras instancias parlamentarias para la vida pública, el debate político y la (expectativa de) conducción y buen gobierno de México. Por ello, considero particularmente relevante el esfuerzo que mis colegas (Itzel, Haydee y Melissa) del Proyecto de Monitoreo y Vínculo con el Poder Legislativo de Fundar, han emprendido. Este boletín, tan afortunadamente nombrado Curul 501, en absoluto será capaz de aportar por si sólo la cuota de información, análisis y reflexión que se requiere para entender mejor -y a la postre enmendar- el modus operandi de nuestras Cámaras. Pero no puede omitirse que constituye una generosa contribución, desde la sociedad civil organizada, para lograr alguna suerte de diálogo entre la ciudadanía y quienes trabajan profesionalmente en el quehacer legislativo. Y de esto último sí hay evidencias. El contenido de este número es una de ellas y se expresa en el fino equilibrio entre las voces que representan y los temas abordados en las colaboraciones. Las hay de organizaciones que desde distintas perspectivas plantean retos en la agenda pública del Poder Legislativo. Dos de estos llamados apuntan a la impostergable necesidad de habilitar al presupuesto (aprobado por la Cámara de Diputados) como una herramienta de control del actuar gubernamental y que al mismo tiempo facilite una ciudadanía activa (uno es de José María Marín, sobre el presupuesto abierto, otro de Felipe Varela, sobre el gasto en materia rural). Humberto Guerrero, en cambio, llama la atención sobre las instancias internacionales en materia de derechos humanos, la comparecencia del Estado mexicano ante el EPU y la articulación de esfuerzos de medio centenar de organizaciones para presentar su propia información sobre la situación de los derechos humanos. Una colaboración más apunta a estas "otras" actividades del trabajo legislativo que normalmente no se analizan, aquellas que se dan en comisiones y que -posteriormente al ser decididas en pleno- son indispensables para la construcción de controles y equilibrios institucionales. Itzel Checa, plantea desde esta mirada los retos que tiene la Comisión de Derechos Humanos del Senado y los congresos locales para fortalecer la vida institucional de los Organismos Públicos de Derechos Humanos (OPDH). Pero la oportunidad y la pertinencia son también un par de evidencias que confirman el carácter positivo de Curul 501. Ambos valores se materializan, por ejemplo, en la entrega de Haydeé Pérez, quien, desde mi punto de vista, reconstruye sutilmente (y a momentos de forma no tan sutil) preguntas históricamente desatendidas en México ¿por qué si de forma sistémica se desaira el último periodo de cada Legislatura, no se ha hecho nada para cambiar este esquema? ¿Cuál es el valor de la agenda legislativa que aprueban y hacen pública los partidos si los incentivos no están en la actividad parlamentaria y sí en la actividad electoral, o peor aún, en la electorera? Para confirmar que este boletín da vida a un diálogo, encontramos la feliz coincidencia de que la agenda legislativa es precisamente el tema abordado en su artículo por el Diputado Javier González Garza, quien asume que el combate a la pobreza es un compromiso saturado de pendientes legislativos, a pesar de haber sido suscrito por su partido al inicio de la Legislatura. Digamos que Haydeé plantea un reto (y da cuenta de cierto escepticismo), mientras que el Diputado González Garza asume otro compromiso más de legislar sobre pendientes. El tiempo dirá cuál reflexión vaticinó de mejor forma lo que pasará en la Cámara de Diputados. Por lo pronto, para mí ha sido un placer poder escribir esta editorial y decirle a quienes lean estas líneas (tanto en éste, como en los demás temas): no sé quién tendrá la razón, pero Ud. lo leyó primero en Curul 501. De este tercer número de Curul 501 estoy cierto que lo disfrutarán, pero más, que les servirá.
__________________________________________________________________________________________________________ 1 Coordinador del área de Transparencia y Rendición de Cuentas de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, A.C.
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