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La LX Legislatura: llena de claroscuros
Este artículo busca poner sobre la mesa dos puntos básicos: 1) presentar un balance general del trabajo de la LX Legislatura y, 2) señalar algunos retos para la siguiente Legislatura de la Cámara de Diputados, la LXI. Antes de iniciar con el balance de su trabajo, es fundamental volver al inicio de la Legislatura que termina. Como recordarán las y los lectores, producto de los resultados electorales del 2 de julio de 2006, el contexto estuvo marcado por la polarización y la confrontación entre las dos primeras fuerzas políticas en aquel momento: el PAN y el PRD. El entonces Presidente Vicente Fox no pudo dar su último Informe Presidencial, ya que la toma de protesta del actual Jefe del Ejecutivo, Felipe Calderón, atravesó por dificultades, ya que permeaba un clima político incierto, donde una amplia parcialidad de los actores políticos no reconocía al Gobierno Federal. Con este preámbulo, los augurios del trabajo legislativo se veían lejos de los acuerdos, los consensos y la negociación. Después de tres años de distancia, algunos resultados sugieren cierta distancia de esos pronósticos. Pero, ¿qué hizo la LX Legislatura? ¿Hacia dónde se inclinó la escala de grises? Esta Legislatura aprobó un número importante de reformas, 323 dictámenes, algunos de éstos forman parte de la agenda legislativa pendiente desde hace muchos años, como: la electoral, la fiscal, la energética, la de justicia penal, la de seguridad, el cambio del formato presidencial o la de derechos humanos, la mayoría enmarcadas en la Reforma del Estado. Adicionalmente, en ejercicio de sus atribuciones autorregulatorias, la Cámara aprobó su nuevo Reglamento de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales. ¿Este trabajo legislativo fue suficiente?, ¿con estos resultados la LX Legislatura sale bien librada? Paradójicamente no, indudablemente estas reformas fueron de gran relevancia dados los temas abordados, pero en sus alcances y contenidos distan mucho de ser integrales. Al final, fueron reformas mínimas, reformas posibles, pero insuficientes. Además, si se parte de la premisa que todo Poder Legislativo tiene al menos cuatro funciones primordiales −legislativas, de control, presupuestales y representativas−, se puede dar cuenta que la balanza estuvo más cargada a la producción estrictamente legislativa. Pues si bien se realizaron algunas funciones de control (principalmente por medio de comparecencias de titulares de dependencias y secretarios de Estado) y se aprobó en tiempo el Presupuesto de Egresos de la Federación. Estos ejercicios todavía distan de ser prácticas eficaces; pues la mayoría son opacas, obedecen a la expresión de la fragmentación partidista y son discrecionales. Esto impacta en la percepción y la relación que la ciudadanía tiene del Poder Legislativo, un porcentaje elevado de la población (49%) está convencido de que nuestras y nuestros representantes siguen sus propios intereses al momento de elaborar y aprobar las leyes por encima de los de la sociedad[3]. Ante esto, ¿qué hacer?, ¿qué le espera a la LXI Legislatura?, ¿cuáles debieran ser sus prioridades? Se puede afirmar que los retos son en varios frentes. En primer lugar, lograr reformas que vayan más allá de los consensos mínimos, trascender la dinámica de suma cero por una de ganancia compartida y de beneficio general. Para ello, será necesario avanzar en reformas internas del funcionamiento de la propia Cámara que permitan, por un lado, la profesionalización y especialización de sus órganos (como sus comisiones ordinarias); y, por otro, garantizar prácticas transparentes, con mecanismos formales de participación ciudadana y con medidas efectivas de rendición de cuentas. Incluso lograr equilibrios internos entre sus órganos de poder y de toma de decisiones. En segundo lugar, avanzar en una agenda que responda más a la suma de intereses colectivos que a los partidistas o grupos de poder, con una visión progresista de los derechos y no a la inversa, como fue el caso de algunas reformas aprobadas por esta Legislatura[4]. Sólo en esa medida, este órgano representativo podrá ir minando la desconfianza hacia su actuación, fortaleciendo el vínculo representativo y construyendo otra forma de hacer política. Esperamos que la LXI esté más luminosa y no con claroscuros.
__________________________________________________________________________________________________________ 1 Investigadora del proyecto Monitoreo y Vínculo con el Poder Legislativo de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, A.C. Da seguimiento a las Comisiones de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados y del Senado de la República / itzel@fundar.org.mx |
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