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Restos, rezagos y pendientes
El 30 de abril terminó el último período ordinario de la LX Legislatura y con ello prácticamente el trabajo de aquellas y aquellos diputados, pues sólo un puñado se quedará trabajando, 19 para ser más precisa, quienes junto con otros 18 senadores y senadoras conformarán la Comisión Permanente (o la Permanente) encargada de trabajar en el llamado receso legislativo. Pero ¿qué sucede con el último receso? ¿Qué destino tienen las iniciativas presentadas durante este período? ¿Vale la pena que se presenten iniciativas en el receso del último año? ¿Qué pasa con todo el rezago legislativo de una Legislatura? El objetivo de este artículo es poner sobre la mesa consideraciones sobre estas preguntas. La Comisión Permanente tiene entre sus facultades[2] convocar a un período extraordinario de sesiones, así como recibir asuntos que deberán turnarse a las comisiones o bien dictámenes que deberán publicarse en el Diario de los Debates y turnarse a la comisión dictaminadora correspondiente. Tratándose de Puntos de Acuerdo, la Permanente puede dictaminarlos o sólo turnarlos para su resolución durante un periodo ordinario. En este sentido, el papel de la Comisión Permanente es fundamental para que el trabajo legislativo tenga dinamismo, se dé turno a los asuntos presentados y no se paralicen las labores una vez concluidos los periodos ordinarios de sesiones, es decir, que exista la posibilidad que entre el 1º de mayo y el 31 de agosto y del 16 de diciembre al 31 de enero, la labor legislativa continúe, independientemente de que pudiera o no existir un periodo extraordinario.[3] Durante el último receso de la LIX Legislatura, que comprende de mayo a agosto de 2006, se presentaron 133 iniciativas,[4] las cuales quedaron pendientes de dictaminar, pues por alguna razón no tuvieron cabida durante los tres años de la Legislatura. No se pone en duda la necesidad, obligación o derecho de las y los diputados a presentar cuantos asuntos consideren pertinentes para el cumplimiento de sus funciones, lo que se cuestiona es su oportunidad. Pues presentarlos durante el último momento de una Legislatura los convierte necesariamente en archivos pendientes, que serán heredados a la siguiente Legislatura, bajo otro contexto, otra perspectiva y otros criterios para su dictamen, en el mejor de los casos, toda vez que el cuerpo legislativo (incluido el equipo técnico y de asesores) será otro. Para ejemplificar lo anterior, de estas 133 iniciativas que pasaron de la LIX a la LX Legislatura, sólo seis fueron dictaminadas. La misma situación se presentó en el último receso de la LVIII Legislatura, se presentaron 44 iniciativas y la LIX sólo resolvió nueve. Aunado a este extra, las y los legisladores de la LX Legislatura afrontaron en sus respectivas comisiones el rezago de iniciativas, puntos de acuerdo, minutas y otras cuestiones pendientes de dictaminen, algunas incluso provenientes de dos y hasta tres Legislaturas anteriores. Por lo anterior, valdría la pena revisar la conveniencia y pertinencia, por un lado, de permitir o no la presentación de iniciativas en el último receso de una Legislatura, e incluso valorar si procede poner como fecha límite el 30 de abril del último periodo ordinario de sesiones de una Legislatura; y por el otro, sopesar el cauce de todos aquellos asuntos, puntos, e iniciativas que estén “congelados” o pendientes de dictamen una vez terminada una Legislatura. ¿Convendría desecharlos? Un nuevo ejemplo, a la actual Comisión de Equidad y Género[5] se le heredaron 25 asuntos pendientes, de éstos resolvieron 18, sin embargo, esta Comisión heredará a la LXI Legislatura 18 cuestiones.[6] Ciertamente, algunos de éstos se encuentran “congelados” por una estrategia política o por no encontrar espacios de acuerdo. Como dije, las comisiones invierten recursos humanos y tiempo para atenderlos, planteados en otro momento político, ante otros contextos e incluso ante legislaciones que ya han sido modificadas. Y ¿si pudieran invertir estos recursos en generar mejores iniciativas y propuestas durante su mandato? Ahora intentemos hacer el ejercicio en comisiones con un amplio número de asuntos turnados, como la de Puntos Constitucionales o la de Salud, las cuales en esta Legislatura tuvieron 610 y 167 iniciativas, respectivamente; quedando sin dictaminar 561 y 104, respectivamente,[7] es decir, más de 600 iniciativas heredadas a la próxima Legislatura. En suma, si existieran condiciones sólidas de transparencia y rendición de cuentas por parte de las comisiones, una vez concluido el trabajo de una Legislatura, comunicarían clara y específicamente cuántos y cuáles asuntos quedaron pendientes y bajo que argumentos. Habría la posibilidad de retomarlos e impulsarlos de forma actualizada, novedosa y sin el estigma de haber sido temas de otro momento, restos, rezagos y pendientes de otra Legislatura. Tal vez mejoraría el trabajo legislativo, pensémoslo.
__________________________________________________________________________________________________________ 1 Investigadora del proyecto Monitoreo y Vínculo con el Poder Legislativo de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, A.C. Da seguimiento a la Comisión de Equidad y Género de la Cámara de Diputados y representa a Fundar en la Coalición por la salud de las mujeres / melissa@fundar.org.mx
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