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RETROCESOS EN MATERIA DE TRANSPARENCIA EN EL PPEF 2008

La metodología que sirve de base a la presupuestación, control y evaluación del gasto parte de dos elementos: una metodología de marco lógico (que aunque debería no se presenta con la documentación presupuestaria ) y una matriz de indicadores de los programas presupuestarios (que son una nueva categoría programática).(1) El primero de estos elementos, el marco lógico, establece la relación que debe existir entre los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo y los programas que de él se desprenden con los objetivos institucionales y los programas presupuestarios. El segundo permite seguir, o monitorear el desempeño de los programas.

 

La aplicación de la metodología del “marco lógico” y el desarrollo de la matriz de indicadores se realizará paulatinamente: en 2008 incluye a los programas sujetos a reglas de operación, para 2009 se ampliará a la totalidad de los programas que entregan subsidios y a algunos programas que otorgan bienes y servicios a la población y en 2010, en teoría, quedarán incluidos todos los programas federales.

 

La implementación gradual de la nueva metodología de presupuestación implica que para el ejercicio fiscal 2008, se cuente con una mínima cantidad de indicadores, y dada su cuantía, no será posible fiscalizar el gasto con esta base. Ello implica un retroceso en materia de transparencia pues la mayor parte del gasto no está articulado con indicadores que permitan verificar el adecuado ejercicio del mismo.

 

De esta manera, la creación de una nueva forma de evaluar los programas presupuestarios inicia con el pie izquierdo, al reducir el número de indicadores y no cambiar algunos indicadores patentemente inútiles para medir el desempeño. De hecho, para el PPEF 2008, ni la Secretaría de la Función Pública, Presidencia de la República, su Consejería Jurídica, ni la Secretaría de Marina cuentan con indicadores de desempeño. A su vez, dos terceras partes del presupuesto de las secretarías de Hacienda, Educación Pública, Salud, Medio Ambiente y Energía, no cuentan con indicadores de desempeño. En 13 de los 27 ramos de la Administración Pública, 50 por ciento o más de su presupuesto no cuenta con indicadores de desempeño. Sólo Sedesol y la PGR cuentan con indicadores para más de 90 por ciento de su presupuesto. Y ahí donde sí se generaron, muchos de estos indicadores no sirven para lo que deberían de servir. No dan una idea del desempeño. No permiten evaluar el comportamiento ni la operación ni los resultados de los programas y acciones sustantivas del gobierno.

 

En consecuencia, los indicadores propuestos en el PPEF 2008 son limitados e inadecuados para evaluar el ejercicio del gasto y, más aún la política, pública pues no reflejan los posibles resultados e impactos de los programas presupuestarios. La gravedad de esto radica en su significado: donde los programas otorgan servicios o atención de importancia para grupos de población especcíficos la falta de mecanismos claros, malos indicadores pueden costar vidas. Otro ejemplo paradigmático de indicadores inútiles propuestos para 2008 es el de la política para VIH y SIDA. El único indicador para esta política es: “Número de proyectos anuales financiados dirigidos a poblaciones vulnerables sobre número de proyectos anuales para financiamiento programados por cien” que será el dinero que CENSIDA transferirá a organizaciones sociales que concursen por proyectos relacionados con prevención en la materia. Número de proyectos financiados. Ese no es un indicador de calidad, ni de atención, ni de eficiencia. Ese no debería ser un indicador, menos aún para evaluar la política de atención a enfermos con VIH SIDA y mecanismos para prevenirle. El indicador no considera los componentes de mitigación del daño, atención hospitalaria, de entrega de terapia antiretroviral y suficiencia de los medicamentos disponibles; no incorpora pruebas de detección, campañas de información, distribución de condones; no considera sus resultados. Número de proyectos financiados. Esos son los indicadores de una política pública sin brújula y sin sentido.

 

Todo esto es más grave, además, porque que supuestamente el establecimiento de este indicador dará a los tomadores de decisiones elementos para la presupuestación del 2009… Con esta base ¿cómo se van a evaluar todas las actividades que deben ser parte de una estrategia integral? ¿Cómo se vincula la atención o prevención con ”número de proyectos”? ¿De qué sirve saber cuántos proyectos se financiaron, si no sabemos nada más?

 

Otro ejemplo claro es el de Oportunidades, cuyo presupuesto es de 16 mil 637 millones de pesos y cuenta solamente con un sólo indicador de desempeño: “Total de familias incorporadas divididas por el total de familias liberadas en el padrón base para incorporación. Todo ello multiplicado por cien”. Este indicador no dice nada del componente alimenticio del programa, tampoco del componente energético, mucho menos permite conocer los objetivos para reducir la pobreza de las familias beneficiadas, el grado de avance, o por lo menos el grado de formación de capacidades en sus beneficiarios. Este indicador por sí sólo no es un indicador. Es solamente un número. Y la diferencia es grande entre un número y un indicador de gestión para evaluar los resultados de la política pública.

 

Como estos ejemplos hay mas. Muchos más, desafortunadamente. La información presupuestaria no es de utilidad no para la rendición de cuentas sobre las políticas públicas, ni para que la ciudadanía pueda conocer el destino de los recursos. La información sigue entendiéndose como un insumo e instrumento para el control presupuestario, por lo que puede ser que sirva para ejercer un control incompleto del gasto por parte de Hacienda. Pero no su evaluación.

(1) El programa presupuestario lo definen como un conjunto de recursos y acciones que: a) Tienen homogeneidad; b) Son representativos presupuestariamente; y c) Son susceptibles de alinearse con los objetivos de las dependencias y entidades y con los de los programas sectoriales y del PND, PPEF 2008, Política de gasto, p. 8.

 

 

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